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Deletreo el tiempo en tictac ruidoso sobre teclas ya secas de tanto haber llovido. Se tornan aguacates con vistas al mar, brisa marina de águilas y danzan vivas.

Sorbo el tiempo por pequeños intervalos que crecen de talla de pie y de peso en mi cuerpo que se hace cada día más fuerte a medida que envejece.

Me quedaría suspendida en el momento en el que todavía podré alzarte y volar tu carcajada, como a ti tanto te gusta. Aún uniendo cuerpos como si fueran uno, acurrucado en ovillo en mi vientre templo del recuerdo.

No se detiene la vida, solo se mantiene la mirada completa cuando uno no se proyecta para atrás o para la siguiente pasada.

Es aquí y ahora. Es aquí y ahora. Es aquí y ahora. Huele a doctrina. El juicio sobrepasa el velatorio. Es presencia. Es ecuanimidad. Es filosofía. Es un casi imposible tan permeable en baño psicotrópico, en final de camino, en cópula. Tan absorbente en éxtasis, en arrobo, en amor, en dicha.

Es ya. Devorando los minutos sin pensarlo, con los ojos bien abiertos, las manos plenas, el corazón al unísono. Embelesada, cierro mi mirada sobre tu nuca que a pequeñas sorbos atesoro en mis sentidos. Es la entrega sin esperar la que teje la belleza toda.

Vuelvo. El tictac ruidoso tiene la mesa puesta. Los cubiertos brillantes, las copas llenas, el pan recién hecho, la suspendida volatilidad de lo efímero, las flores, se presentan en el recordatorio.

Camino con mi sonrisa de cortísimo cobalto vestir con motivo verde y medias tintadas turquesa. Hoy es fiesta de velas atrasadas, un niño viste un deseado vestido y vamos como promesas a reír y bailar pájaros multicolor que vuelan dándoles cuerda.

Todo brota en ensaladas de divinidades absueltas de tanto ser sobadas por contenidos cafres. Y se disuelven uno a uno los hilos pasados de los reproches y pocas luces. Dorados descuellan los afectos, llegó la hora de celebrarse.

Casi sin advertirlo me mancho entero de vino el diminuto vestido que sale volando, volviendo con fragancia a caricia desde un tambor tan eficiente como sereno.

Me visto entonces del chándal de un hombre grande y barbudo que es cueva reconfortante. Soy parte de él, su chaqueta me sirve de camiseta directamente sobre la piel como cuando era niña y navegaba y se iba y le perdía hasta que volvía -yo aún bañada de su ropa-.

Me río, no dejo de ser yo a pesar de las zapatillas de cuña, los calcetines verdes con el pantalón metido dentro. Y renace mi clown. Vuelvo a las cités, al neuf trois, al París de los 90.

Me doy cuenta de que nada perdura. Me he quedado obsoleta y me hace gracia. Con la capucha puesta me siento seXXLy, a pesar de la estampa, la alegría es lo que tiene, se hace exquisita. Sale mi mejor bufón y estallamos, nos reímos todos, la complicidad es burbujeante y se desata, libre. Estamos juntos, es lo que único deliciosamente importante.

Uno a uno, somos también todos. Nos despedimos del precioso efeméride día, aquí te espero aquí te sueño. Me abrazo a mí misma, otro día que pasa, estoy viva y cada día más entera.

#mujerdepalabra

Arte: Marisa Maestre – Mis raíces.